PERDIDA EN EL ESPACIO
@ 21/11/05 - 23:36:43Perdida en el espacio.
Así es como me siento hoy.
Me siento como una astronauta que sale de su nave espacial, y de repente se le suelta la sujeción, y queda flotando por el espacio, en medio del infinito, y en medio de la nada.
Me siento flotando, porque entre mareo y mareo, no se si provocados por los nervios, el estrés o el cansancio, que es a lo que más frecuentemente suelen recurrir los médicos en su juicio clínico de estos síntomas, tengo la sensación de estar cada vez más lejos del suelo.
Me siento en medio de la nada, porque aunque curiosamente siempre me acompaña la extraña sensación de no haber tenido otra vida antes que la que tengo ahora, con mis hijos y mi marido, supongo que todos seguimos sujetos por un cordón umbilical invisible a nuestra casa paterno-materna. Casa que hoy ha dejado de formar parte de mi vida para siempre, porque ya no nos pertence a mi padre y a mi.
Desde esta tarde, en que la hemos vendido, otra familia ocupará las estancias en las que he crecido, en las que jugaba sola y aburrida, con la estampa de mi madre con la nariz pegada a la máquina de coser, y absorta en su mundo interior, mientras en la radio se iban sucediendo los eternos capítulos de telenovela escuchada, con sonidos de chaporroteos logrados con sabe dios que artilugio casero. Y en las que cuando el aburrimiento y la soledad me ahogaban, me acercaba a una ventana, a observar como las gotas de la lluvia descendían por los cristales, y se juntaban unas con otras, y cada vez descendían más rápidamente. Y en las que soñaba, con algo mejor, en otro tiempo, y en otro espacio.
Me siento en medio del infinito. Se han cumplido mis sueños, en otro tiempo, y en otro espacio. Y sin embargo hoy me ha invadido de nuevo esa sensación de ahogo. Esa sensación de ahogo que me hace sentir de nuevo pequeña, un ser ínfimo en medio de una inmensidad.
No me gusta recordar mi infancia, pero tampoco me gusta perderla, o mejor dicho, sentir que la he perdido.
Echo de menos a mi madre, no la echo más de menos ahora, desde que se murió ya hace más de dos años, que antes, cuando fisícamente aún estaba presente. Lo que realmente echo de menos es una madre, una madre dentro de mi madre.
No me gusta sentirme perdida. Y ahora tengo miedo.
Tengo miedo de perder a mi padre. Lleva varios días enfermo. Y él nunca ha estado enfermo. Y ahora lo veo viejo. Viejo y solo. Y recuerdo cuanto lo echaba de menos. Cuando era niña. Niña y sola.
Pero él siempre estaba ausente. Ausente físicamente. Y siempre presente. Siempre presente en mis sueños.Y ahora me doy cuenta de que ese ídolo que me había construido, en mis sueños, no es más que eso, un sueño. Y sin embargo tengo miedo. Miedo de perderlo. Siceramente, creo que de lo que realmente tengo miedo, es de perder mi última oportunidad. La última oportunidad de hablar, por primera vez, con una de las dos personas responsables de que mi vida sea vida. Vida para vivir.
Y ese ahogo, y ese miedo, hoy han provocado que me escondiese. Que me escondiese dentro de la esquina más recóndita de mi corazón. Y no quería ver a mis hijos, o mejor dicho, no quería que ellos me viesen así, distante, lejana. Y eso ha hecho que me sienta peor, más sola y más perdida.
Y la voz de mi marido sonaba en mis oidos como una voz lejana. Lejana y desconocida.
Espero poder recuperar mañana el control sobre mi vida. No espero, necesito. Necesito recuperar mañana el control sobre mi vida.
El próximo jueves empiezo en un nuevo trabajo. Mi enésimo trabajo. Nuevas personas, nuevo entorno, nuevas tareas, nuevos conocimientos y desconocimientos, nuevos problemas, nuevas emociones.
Mañana tengo una comida-reunión con mi socio, para comunicarle que el jueves empiezo en un nuevo trabajo. Y para comunicarle el nuevo enfoque que tendrá que tener ahora la empresa que tenemos entre manos. Y para comentar cambios, muchos cambios. Y para convencerle de que podemos hacerlo, de que puedo hacerlo.
Y tengo que convencerme a mi misma de que puedo hacerlo. De que voy a poder desempeñar mi nuevo trabajo. De que voy a poder compaginar ese nuevo trabajo con mi empresa, y sus trabajos. Y lo más importante para mi, de que voy a poder seguir avanzando en la construcción de una madre dentro de mi. Una madre para mis hijos.
Y de que voy a poder salir del rincón de mi corazón. Y volver a mostrame a mis hijos, desnuda, tal como soy. Y volver a sentir a mi marido cercano.
Y no me puedo enfrentar a este reto con esta sensación. Sensación de ahogo, y de soledad, y de miedo, y de angustia.
Ni siquiera las palabras de la pedagoga de mis hijos, que todavía retumban en mis oidos desde esta mañana, diciéndome los maravillosos que son mis hijos, y nuestra relación, y la madre que hay dentro de mi, consiguen aliviarme. Necesito sentirlo, y no sólo escucharlo.
Y por ello me siento perdida. Perdida en un espacio infinito. Infinito y oscuro.
